viernes, 9 de enero de 2009

Alfredo Zitarrosa. Amor por la humanidad.




“Quisiera morir, ahora, de amor / para que supieras / como y cuanto te quería”. Así dice en el estribillo de La canción y el poema de Alfredo Zitarrosa y, si bien está evidentemente dirigida a una mujer, podría aplicarse a la vida y obra de este cantante, poeta, periodista, compositor, militante, hombre del Pueblo Oriental como a él le gustaba llamar a su Uruguay que no es si no toda “la América morena”, en sus palabras, esa América que él vio sangrar, ese pueblo del que tuvo que irse, exiliado, y al que volvió en andas de las multitudes que lo adoraron.

Nació en Uruguay, el 10 de marzo de 1936. Su carrera de cantante empezó en Perú, en 1964, un 20 de febrero. Hasta entonces se había desempeñado como periodista y locutor radial, trabajando en varias emisoras de Montevideo. A instancias de un amigo suyo se presentó en un programa televisivo de la ciudad de Lima. Comienza así una carrera que nunca se interrumpiría hasta su temprano y sorpresivo fallecimiento, en Montevideo, el 17 de enero de 1989.

Desde 1965 hasta 1988 grabó aproximadamente cuarenta discos larga duración, en diferentes países, fundamentalmente en Uruguay y Argentina.
Debido a su militancia política sus canciones fueron prohibidas en Uruguay a partir de las elecciones de 1971. Con el recrudecimiento de la persecución, habiendo sido convencido de que su canto sólo sería útil a la causa del pueblo desde fuera, debe salir al exilio en 1976, primero rumbo a Argentina, hasta que debe partir (por la misma causa que del Uruguay) para radicarse en España, luego en México, y de vuelta en Argentina hasta que fue posible su regreso al Uruguay en 1984.

Durante este período de exilio, graba y edita varios discos en España, México y Venezuela. Asimismo participa activamente de diversos festivales internacionales, como abanderado de la lucha a favor de la libertad del pueblo uruguayo y de otras naciones oprimidas por gobiernos de corte fascista, y como referente ineludible del canto popular uruguayo y latinoamericano. El 31 de marzo de 1984, es recibido por una multitud que lo aclama y lo acompaña, desde el aeropuerto, por todo Montevideo, en una circunstancia que es definida por él mismo como “la experiencia más importante de mi vida”, lleno de una emoción profunda de alegría por el rencuentro con su tierra, con los amigos, sus “hermanos”, y la profunda alegría por el regreso a su amado país.
Osvaldo Butorovich, quien dirigió la edición del cancionero de Alfredo Zitarrosa , describe al cantante con palabras certeras: “fue El Cantor, por el mandato de su voz, extraordinaria, conmovedora e irrepetible; pero también fue un ser excepcional, profundamente humano –y humanista-, un hombre bueno y tierno, ingenuo y solidario, generoso y sensible, contradictorio en sus facetas oscuras, que -tras una apariencia circunspecta y severa- era un tozudo optimista que le cantó al amor bajo todas sus formas: El amor de pareja, el amor a los desposeídos, a sus semejantes; el amor a la vida, en suma, a la que celebró y en la que siempre tuvo la certeza de que hacía falta.”

En sus canciones, frecuentemente milongas, “el canto vivo de mi tierra”, trata diversos temas que van desde el amor de pareja hasta sus otros grandes amores; su tierra, el campo, -donde paso épocas de su juventud- y sobre todo la lucha de los humildes, ya sea el peón rural o doña Soledad “peleando por un vintén” en el almacén del barrio. Este varón de voz suntuosa tuvo un gran amor correspondido, una pasión vivida con el pueblo americano. Un amor que no regalaba los oídos de nadie, que sabía criticar sin herir, rectificar, discutir y preguntarse por los temas que eran el pan de cada día en esas épocas convulsionadas. Zitarrosa, siendo un cantante talentoso, un intelectual inteligente, un erudito; en fin, un hombre culto y dotado eligió acompañar a sus hermanos pequeños, dedicarles su canto. Y es por eso que sus canciones perduran y son patrimonio de la humanidad toda. Como él lo hubiera querido.


Adagio en mi país
En mi país, qué tristeza,la pobreza y el rencor.Dice mi padre que ya llegarádesde el fondo del tiempo otro tiempoy me dice que el sol brillarásobre un pueblo que él sueñalabrando su verde solar.En mi país, qué tristeza,la pobreza y el rencor.Tú no pediste la guerra,madre tierra, yo lo sé.Dice mi padre que un solo traidorpuede con mil valientes;él siente que el pueblo en su inmenso dolorhoy se niega a beber en la fuenteclara del honor.Tú no pediste la guerra,madre tierra, yo lo sé.En mi país somos duros,el futuro lo dirá.Canta mi pueblo una canción de paz.Detrás de cada puertaestá alerta mi pueblo,y ya nadie podrásilenciar su cancióny mañana también cantará.En mi país somos duros,el futuro lo dirá.En mi país, qué tibiezacuando empieza a amanecer.Dice mi pueblo que puede leeren su mano de obrero el destinoy que no hay adivino ni reyque le pueda marcar el caminoque va a recorrer.En mi país, qué tibiezacuando empieza a amanecer.CoroEn mi país somos miles y milesde lágrimas y de fusiles,un puño y un canto vibrante,una llama encendida, un giganteque grita: ¡Adelante... adelante...!SoloEn mi país brillará,yo lo sé,el sol del pueblo arderánuevamente, alumbrando mi tierra.
(1972-1973)
La canción quiere

Fruto maduro
del árbol del Pueblo,
la canción mía
siempre porfía.
Puede morir,
pero quiere
cantarle sólo a la Vida,
que no la olvida.
No tiene miedo a la bala,
ni a la bomba,
ni al infierno,
canta "pudiendo".
Lleva en las manos heridas
una flor con una espina,
agua y harina.
Canto del Pueblo que ama,
también canta por dinero
como un obrero.
Sombra de Gancio y de Mora,
de Fernández, de Mendiola,
no canta sola.
Quiere ser flor
y se cierra
como un puño;
que la cuide,
eso me pide.
Nombra la carne horadada
de la Vida más amada,
la desarmada.
Fruto maduro
del árbol del Pueblo,
la canción mía
siempre porfía.
Quiere ser flor
y se cierra como un puño;
que la cuide, eso me pide!

(1972)